Guitarras, mandolinas, bajos, trompetas,
saxos y por supuesto voces, alaban a nuestro Señor esforzándose por ofrecer un aroma más agradable a la presencia de Dios
cada día.
Hermosas alabanzas se ensayan día a día,
y luego son ofrecidas con esmero y preocupación a nuestro Amado Padre junto con la congregación.